
El pasado día 22 prensa y televisión se hacen eco de una noticia relacionada con nuestro cerro de Alcurrucén, cuyo patrimonio histórico está relacionado con el nombre que lleva el instituto público de enseñanzas secundarias de Pedro Abad.
Se trata de dos estatuas de bronce del siglo I, al parecer expoliadas del mencionado cerro (abajo de este artículo tenemos algunas direcciones de Internet). Son indicativo del pasado histórico de la mencionada ubicación geográfica. Si bien hemos tendido a relacionar esas estatuas con la antigua ciudad romana de Sacili martialium, en realidad el patrimonio histórico de la zona es muchísimo más amplio. Se da el hecho de que todos los pueblos que han pasado por España se han asentado o han tenido que ver con ese lugar, el cerro de Alcurrucén.
Comienza la historia, probablemente, allá por el año 1600 a. C., entre los primeros pobladores de Iberia, y en concreto con la tribu íbera de los Túrdulos. Ya entonces, Ptolomeo nos habla de la antigua Sacila. Estas culturas íbero-turdetanas alcanzan su esplendor en el S. III a. C. Por los años 1450 a 1445 antes de Cristo llegan los fenicios, que remontan el antiguo río Betis (actual Guadalquivir), dejándonos en Sacila restos y monedas fenicias. 900 años antes de Cristo se incorporan a nuestro legado histórico los griegos, conviviendo con lugareños y fenicios en Alcorrucén. Pero los Cartagineses también son atraídos por estas fértiles tierras y, que duda cabe, que la posición estratégica de este cerro (rodeado por el meandro del río y a una altura ideal como atalaya) debió erigirse en lugar militar privilegiado, habiendo vestigios de murallas y torres defensivas. Después, con los romanos, la zona alcanzará su mayor esplendor (la propia Vía Augusta llegaba a Alcurrucén), hasta que los pueblos bárbaros de los vándalos y silingos arrasan la ciudad allá por el año 421. Pero la historia continúa con la conquista árabe, en los albores del S. VIII, pueblo que da a este lugar el actual nombre de Alcorrucén, aprovechando las ruinas para asentar nuevas construcciones. Y todavía, en el S. XIII con la reconquista cristiana, el rey Fernando III asienta su campamento en este lugar tan especial, la antigua Sacila.
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